Periodista

La lista de la sociedad civil

Más de una vez he oído a gente de la tercera edad hablar de la fragilidad con la que los padres primerizos tratan sus hijos, no lo hacen por mofa sino que lo comentan con una leve sonrisa de complicidad: “los tratan como si fueran de vidrio, con miedo a que se rompan por cualquier cosa”. Una sensación que parece reproducir el soberanismo catalán cuando ve diputados de Esquerra y Convergència i Unió enfrentarse, véase el ejemplo que dieron Oriol Amorós y Meritxell Borràs en la comisión por el caso Pujol que llevó al republicano a preguntarle ‘¿Qué contribución ha hecho usted para el esclarecimiento de nada?’

El temor porque la complicidad entre estas dos fuerzas sea inalterable es constante y evidente. El discurso sobre la sensación de estancamiento del proceso está ahí, igual que la percepción que esto ahora mismo es más un juego partidista que no un movimiento que empuja a tomar decisiones valientes con socios poco comunes. En algún momento CiU y ERC cogieron las riendas del proceso erigiéndose como las únicas fuerzas que apuestan por la construcción de un Estado, y esto no es así. Su protagonismo suele tapar actores importantísimos, como lo es la sociedad civil soberanista representada mayoritariamente por la Assemblea, Òmnium y Súmate y las otras muchas fuerzas que siempre han apostado por la independencia.

El formato para poder decidir el futuro político de Cataluña el 27 de septiembre no es el mejor, pero es el único que se puede convocar ante una actitud inalterable e innegociable del gobierno central. Un referéndum con una doble respuesta sin peripecias, es decir, con un ‘sí’ o ‘no’, es lo deseable pero imposible. Septiembre nos podríamos encontrar con una Unió que discrepa del independentismo y la hoja de ruta de Convergència, a pesar de que van juntos. Con una Esquerra que intentará cubrir el mensaje social bajo la crítica de deslealtad con el gobierno por no aceptar una lista única. Y, además, con la hoja de ruta de la CUP y otras fuerzas independentistas dudando sobre la posibilidad de concurrir.

Si la lucha partidista es en detrimento del objetivo común, es momento de que la ANC, Òmnium y Súmate hagan gala de ejemplaridad y se unan bajo un nuevo concepto. Hagan, de nuevo, lo mismo que han hecho estos últimos años y cojan las riendas. Si la lista del presidente no funcionó fue por el protagonismo que algunos consideraban que se estaba otorgando CiU, ¿por qué no plantearse la opción de preparar la ‘lista del sí’ donde haya representantes de todos los partidos y las entidades que creen en la plena soberanía catalana? Al presidente Mas no le sería difícil de aceptar, él mismo lo dijo “puedo abrir o cerrar la lista de país”. Si la sociedad civil es capaz de presentar una propuesta de lista que incluya un miembro de todas las fuerzas soberanistas parlamentarias y extraparlamentarias, de la Taula de Forces Polítiques i Socials, del Pacte Nacional pel Dret a Decidir y con miembros del Consell Assessor per la Transició Nacional, ¿por qué no se podría concurrir de este modo? Sería la lista más representativa, plural y transversal que permitiría una campaña de todos para todos juntos por un objetivo. Y, sobre todo, no estaría acompañado de la sombra de un partido que quiere gestionarlo todo.

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